Venezuela registra actualmente una operativa financiera que rememora a dinámicas vistas en 2014 y 2015, convocatoria la «velocípedo cambiaria» y la «raspadera de cupos». Ahora se da oportuno a la existencia de un diferencial entre el costo de adquisición de divisas en la banca doméstico y el precio de intercambio de la stablecoin USD Tether (USDT) en las plataformas de persona a persona (P2P).
El proceso de la nueva «velocípedo cambiaria» se friso en un ciclo de arbitraje donde el beneficiario adquiere divisas (solo virtuales) en la banca doméstico, a un promedio de 430 bolívares, y las transfiere a tarjetas de débito internacionales emitidas por los bancos locales. Luego usa dichas tarjetas para recargar wallets virtuales como la de Zinli o Wally, y con ellas transacción USDT en Binance. Luego, vende esos activos en mercados P2P a una tasa superior, que oscila los 570 bolívares por USDT, según datos de P2P.Army.
Al fundir los activos digitales, el cirujano obtiene un sobrante en bolívares que le permite reiniciar la transacción en el costado. Esto le sirve para capturar un diferencial de lucro inmediato que evoca la antigua «raspadera» de cupos.
Hay que tener en cuenta que la solvencia del dólar no está garantizada y que los usuarios tienen un periferia de transacción diario de 1.000 dólares, un periferia mensual de 4.000 dólares y de 8.500 dólares al año. Por otra parte, las asignaciones se están dando en la mayoría de los casos en dólares virtuales.
Este decorado se desarrolla en un contexto donde existe disponibilidad de dólares en algunas instituciones bancarias venezolanas. Esto producto del flujo de divisas provenientes de la comercialización de crudo en convenio y acuerdo con los Estados Unidos.
¿Qué es la «raspadera de cupo»?
La experiencia descrita anteriormente rememora a la denominada «raspadera» o «raquis cupo», la cual consistía en el uso de tarjetas de crédito con cupos en divisas asignados para consumos internacionales.
Esto se ejecutó bajo los esquemas de organismos ya extintos en Venezuela, como la Comisión de Establecimiento de Divisa (CADIVI) y Centro Franquista de Comercio Foráneo (CENCOEX). La intención era obtener el moneda o «cupo» en efectivo y usar los diferenciales cambiarios. Para esto, los beneficiados simulaban compras en puntos de traspaso en el foráneo y, a cambio, recibían el moneda.
Dichos montos llegaron a oscilar por el orden de los USD 300 a USD 5.000, dependiendo del destino del delirio. Muchas de estas «raspaderas» se hicieron en Cuba, país que en 2014 vio una importante afluencia de viajeros venezolanos interesados en obtener sus cupos en efectivo.
Es importante destacar que estas acciones fueron catalogadas como ilícitos cambiarios y fraude electrónico. La experiencia derivó en consecuencias legales severas durante su auge en primaveras como 2014.
En aquel periodo, se registraron detenciones de personas por el uso indebido de tarjetas de crédito y cupos otorgados por el Estado. Y se documentaron casos de ciudadanos capturados por autoridades en aeropuertos y entidades bancarias, bajo cargos de adquisición fraudulenta de divisas.
Satisfacer “sólo por los pecadores”
Daniel Peláez, trader y doble en mercados P2P, analizó en diálogo con CriptoNoticias el aberración cambiario que se está dando en Venezuela desde un enfoque educativo y conceptual.
Peláez aseguró que «cuando una persona transacción dólares electrónicos a una tasa cercana a la oficial y luego de convertirlos en USDT lo vende en el mercado P2P a una tasa veterano, técnicamente estamos en presencia de una operación que puede clasificarse como arbitraje».
Sin secuestro, el todavía economista profundizó en la preocupación que genera la visibilidad de estas prácticas, que entiende como especulación, para la vigor del ecosistema digital en Venezuela.
Lo que me preocupa es que hoy en día, en presencia de la organización de bancos como el caso de Sotabanco de Venezuela, que está entregando una maleable para hacer compras de dólares electrónicos; las personas están utilizando esa oportunidad de poder comprar a dólares a la tasa oficial, llevando esos dólares al mercado cripto, convirtiéndolos en USDT y vendiendo esos USDT a través de plataformas P2P a nuevamente a bolívares, obteniendo un diferencial. El problema es que no lo están haciendo personas que se dedican al arbitraje, lo están haciendo un familia de personas que están especulando y cuando hay una especulación masiva y notoria, obviamente eso puede encender las alarmas.
Daniel Andrés Peláez, economista y trader venezolano.
Peláez advirtió que esta situación, que ha estado ocasionando mucho «ruido» en las últimas semanas, podría derivar en el clausura de herramientas que son vitales para otros fines. Como lo ve, el gobierno puede restringir plataformas P2P, haciendo sufragar «justos por pecadores» a los venezolanos.
«Al final las personas que hacemos P2P, las personas que utilizamos el P2P como utensilio para solucionar esos problemas de intercambio de moneda digital, nos veremos perjudicados», lamentó.
Un método de arbitraje no recomendado
Peláez concluyó su examen enfatizando que no recomienda este ciclo de operaciones de arbitraje en Venezuela. Esto oportuno a que, según su visión, traerá desafíos al sector.
«Yo personalmente no estoy recomendando ese ciclo de arbitraje. Porque sé que esto nos va a traer problemas, y mientras más masivo se haga, más me preocupa», insistió. Y recordó que en redes sociales ya hay gentío hablando acerca de eso.
«Mucha gentío diciendo: ‘mira, háganlo de esta guisa, conviértanlo a través de tal plataforma’, y allí es donde está la complicación, y eso es lo que me tiene un poco alarmado», añadió.
La velocípedo cambiaria empieza a superar velocidad en Venezuela. Aun con riesgos, se está normalizando el uso de múltiples herramientas para sortear los controles del país.
Para analistas como Peláez, esto pone en aventura todo un ecosistema que ha sabido asentarse en Venezuela. Sin secuestro, es una dinámica que toma auge por un número determinante. Esto es el uso del bolívar como transporte de compra y el USDT como forma de reducción.
Lo previo presiona la demanda de stablecoins o monedas «duras», llevando a los venezolanos a salir, decididos, a buscarlas. Incluso, en el circunscripción digital.



