El Presidente de Estados Unidos Donald Trump firmó el 7 de agosto una orden ejecutiva titulada «Garantizando una Banca Reto para Todos los Estadounidenses». A primera panorama, el decreto rastreo combatir lo que la Casa Blanca denomina «debanking politizado o ilegal», una experiencia en la que las instituciones financieras niegan servicios a individuos o empresas por sus creencias políticas, religiosas o por dedicarse a actividades comerciales legales pero desfavorecidas por reguladores federales.
Sin secuestro, un exploración más profundo del texto, impulsado por figuras de la industria como Caitlin Long, CEO del mesa privado Custodia Bank, revela una táctica mucho más radical: una reestructuración de poder que eleva a la Agencia Federal de Pequeños Negocios (SBA, por sus siglas en inglés) a una posición de «super regulador» por encima de las agencias bancarias tradicionalescomo la Reserva Federal (Fed), la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC) y la Oficina del Contralor de la MOneda (OCC).
La orden ejecutiva aborda directamente acusaciones de que los reguladores federales presionaron a los bancos para discriminar a clientes. Cita explícitamente programas como la «Operation Chokepoint«, como prueba de un sesgo sistémico.
Como lo informó CriptoNoticias, la Operation Chokepoint o «Punto de Estrangulamiento», iniciada en 2013 por el Unidad de Equidad de EE. UU., buscaba combatir el fraude en industrias de suspensión peligro como los préstamos de día de plazo y los comerciantes de armas. Sin secuestro, la comunidad y la industria de las criptomonedas denunció una traducción moderna, conocida como Chokepoint 2.0, afirmando que esta estaba en marcha una operación estafa que apuntaba a restringir el paso de empresas de activos digitales al sistema bancario tradicional.
La «dije oculta» de la Orden Ejecutiva
En la orden ejecutiva firmada por Trump, Caitlin Long destaca una «dije oculta». Ella señala que no es el «qué», sino el «cómo».
«Demuestra que la Casa Blanca entiende que no puede tener fe en los reguladores bancarios federales», afirmó Long. «Contrató a un supervisor para asegurar su honestidad».
Ese supervisor, según la orden, es la SBA. «Esto dice mucho», continuó Long. «El Presidente entiende que los abusos de poder que dieron ocasión al debanking (desbancarización) están profundamente arraigados en las agencias». Long respalda su argumento señalando las contribuciones políticas del personal de la FED y la FDIC, que se inclinan abrumadoramente alrededor de el Partido Demócrata, donde abundan los políticos anti bitcoin y criptomonedas.
La comicios de la SBA, una agencia que no es tradicionalmente un regulador bancario de primer nivel, es panorama como una deshonor tácticamente creativa. Eso es por lo que dice la Sección 4 de la orden ejecutiva de Trump. Esta otorga a la SBA la autoridad explícita para exigir a las instituciones financieras que «identifiquen y reincorporen» a los clientes a quienes se les negaron servicios, conveniente a acciones de «debanking politizado».
La sección 4 de la orden ejectiva señala que la SBA tiene la responsabilidad de informar a las instituciones financieras bajo su territorio, adentro de los 60 días para que, en un plazo de 120 días, identifiquen y reincorporen a clientes y posibles clientes que fueron víctimas de desbancarización politizada o ilícita. Esto incluye tanto servicios financieros generales como servicios de procesamiento de pagos.
La orden rastreo asegurar que estas instituciones tomen medidas correctivas para restaurar el paso a servicios bancarios a aquellos que fueron injustamente excluidos por motivos no relacionados con riesgos financieros objetivos. A partir de ahora, cualquier mesa que infrinja estas leyes podría confrontar sanciones financieras u otras medidas disciplinarias.
«La Casa Blanca no confía en que las 3 agencias bancarias federales (FDIC, FED y OCC) limpien sus propias casas. Pero la SBA tiene territorio, por lo que se la inserta como un super regulador por encima de las otras 3. Tácticamente, es un movimiento creativo. El Presidente va en serio».
Caitlin Long, bitcoiner y fundadora de Custodia Bank.
Una orden proteger actividades con bitcoin
El nominación esencia que subraya esta intención es el de Kelly Loeffler, una conocida defensora de Bitcoin, quien ahora estará al frente de la SBA. «Sí, la Casa Blanca acaba de darle a una bitcoiner esta tarea», exclamó Long, destacando la enorme señal que esto envía a industrias que se han sentido perseguidas por el sistema financiero tradicional, como es la de los activos digitales.
La orden ejecutiva define el «debanking politizado o ilegal» de modo amplia, sin mencionar explícitamente a la industria de bitcoin y criptomonedas. Sin secuestro, el lengua esencia se centra en proteger las «actividades comerciales legales». Según Long, «los bancos que se negaron a servir o cancelaron las cuentas de empresas legales de bitcoin, están en el punto de mira».
Sin secuestro, no todos creen en la llamamiento Operación Chokepoint, que no ha dejado de ser un tema de debate político entre los conservadores cuando critican a las agencias reguladoras. «La presentan como una campaña de los demócratas para propasarse de su poder atacando a los conservadores», dijo Dru Stevenson, profesor de derecho en la Cátedra de Derecho del Sur de Texas, quien ha estudiado el tema. «Es más un mito que una sinceridad», dijo según medios estadounidenses.
Según un crónica de CriptoNoticias, documentos oficiales revelaron cómo la Operación Chokepoint, conocida por su postura antibitcoin, fue impuesta a los bancos de Estados Unidos. Caitlin Long, cuya empresa, Custodia Bank, sufrió el cerrojo de cuentas por parte de cinco bancos distintos a pesar de un historial de cumplimiento intachable, confía en que la orden ejecutiva de Trump demuestre resultados favorables.
«Una buena prueba de fuego para determinar el éxito de esta Orden Ejecutiva es si los 5 bancos que cancelaron a Custodia Bank nos reincorporan… Si nos reincorporan, entonces la Orden Ejecutiva tuvo éxito».
Caitlin Long, bitcoiner y fundadora de Custodia Bank.
El comentario de Long demuestra que mientras el gobierno de Trump implementa esta nueva directiva, la industria financiera observa con atención. La medida es una reorganización fundamental que podría desencadenar una lucha de poder sin precedentes entre una agencia recién empoderada y el arraigado establishment regulatorio de Washington. O definitivamente, podría impulsar una nueva relación entre los bancos y la industria de bitcoin y criptomonedas en Estados Unidos.



